Where is my mind?

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‘Veía mi vida pasar y yo no participaba en ella, así que cogí mi coche, dejé Alemania, con 24 años, y me fui a descubrir España’. Las palabras de Achim, novio de Marta y una de las personas más encantadoras que conocí en la isla, forman parte de las cosas más bonitas que recordaré de Fuerteventura.

‘Qué valiente eres’ le contestó Silvia, una madrileña de unos 30 años que dedica siempre una semana anual a viajar con su hermano pequeño. Mientras todos nos ibamos contando episodios de nuestras vidas, sentados en una terraza con vistas al mar y rodeados por kilómetros de dunas y arena, sonrientes y tranquilos, me sentí en paz.

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Los viajes siempre enriquecen, nos devuelven a nuestra esencia. Los horarios impuestos por ritmos de vida absurdos desaparecen, el reloj biológico se reactiva, el tiempo se disfruta, el estrés se evapora…sólo quedan las cosas simples, la diversión y la atención.Mi viaje en solitario me ha hecho estar más atenta, con los ojos más abiertos a lo exterior, pero también a mi misma. He conocido a gente encantadora, con vidas muy distintas unas de las otras, pero igual de apasionantes. Mis días están compuestos por paseos por la playa, clases de yoga, horas de lectura y tranquilidad bajo el sol, comidas desmedidas (y muy disfrutadas)…y mucha reflexión.

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Y es que el hecho de viajar sola me apetecía. No me importa la soledad. Me gusta estar conmigo misma, por mucho que parezca extraño. Antes de irme, la mirada de ciertas personas me frenaba. Mucha gente no se atreve, te mira casi con pena (`Pobre, está sola’) y es capaz de dañar tu entusiasmo. Vine tambaleándome, con miedo a equivocarme. Pero soy FELIZ de haberlo probado. Sé que este es el primero de muchísimos viajes en solitario.

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Nunca me he sentido tan libre, tan tranquila, tan abierta a los demás y tan despreocupada por el qué dirán. Anoche, una pareja de abuelitos no me quitaba los ojos de encima mientras me veían cenar sola. Cuchicheaban y se reían extrañaban. Llevaban días comiendo sin ni siquiera dirigirse la palabra.

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