Estoy sentada en mi casa, el termómetro debe marcar algo más de 32 grados, mi cuerpo no puede estar más cansado y desubicado…pero sigo sonriendo y recordando lo bien que me lo he pasado. Acabo de volver de París y de vivir mi escapada más corta hacia la ciudad de la luz. El tiempo es oro y ¡no veáis como lo he aprovechado!

24 horas me dieron para INCHARME a baguettes, ver a mis amigas, cenar como nunca en el sitio más cool de la capital francesa, Le derrière y dormir en un hotel IDEAL, original a más no poder y diseñado por Philippe Starck: Mama Shelter.

Y todo gracias a Claire’s, que me invitó a la inauguración de su flagship store de la rue de Rivoli, en una fiesta llena de colores, gente guapa, chuches y golosinas irresistibles.

Mientras VV Brown ponía banda sonora al evento, entre una copa de champán y otra, todos descubríamos las nuevas chuladas de la firma mientras saboreabamos las patisseries de diseño de Briochine Paris.¡Mejor imposible!

París siempre me da buenas cosas últimamente. Tal esa sea la razón por la que la echo tanto de menos. Y eso que este viaje fue diferente a todas las visitas que suelo hacerle a mi ciudad materna. Se trataba de un viaje ‘profesional’, relampago…¡pero taaaan placentero!

Para muchos, el trabajo es sinónimo de ‘deber’, ‘rutina’, ‘desgaste’, ‘formalidad’. Una de mis metas en la vida es que el mio no rime con ninguna de estas definiciones, cueste lo que me cueste. Y parece que no voy mal. Sigo luchando para que trabajar sea un placer. Y, desde luego, esto lo ha sido. No tengo claro el nombre de la ciudad por la que me decidiré. Parece que la compañía lo es todo, y esta estancia en París me lo ha demostrado otra vez.

Y es que de esta escapada me quedaran los abrazos y las miradas ilusionadas de mis amigas al entrar en la fiesta y verme, la genialidad y amabilidad de Brenda, la inmensa atención y el cariño de Eva y todo lo que hicieron por nosotras el equipo entero de Claire’s.

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