Mis estados de ánimo siempre han sido excesivos. Nunca he sido una persona de “medias tintas”.Cuando algo va mal, Osiris se muere: el mundo se desvanece, nunca irá nada bien, no habrá salida, nada será igual que antes, la vida es una mierda. Así es como me sentí hace un par de semanas.Era oficial: mi fabulosa y excitante aventura en Glamour.com llegaba a su fin, y con ello se iban mi sonrisa y mis ganas de vivir. Días y días de lloros y negatividad fueron la consecuencia de la noticia. Estaba triste y desmotivada…pero hoy he vuelto a sonreír.

He decidido negarme a abandonar el periodismo de moda y belleza, y ya estoy inmersa en un nuevo proyecto muy interesante del que daré noticias muy pronto. No me alejaré de los showrooms, de las telas y estampados, de las pasarelas, ni renunciaré a volver algún día y de alguna forma a la editorial en la que siempre quise hacerme un hueco y, mientras tanto, esté blog se convertirá de nuevo en mi plataforma de expresión.

Por eso hoy, quiero hablaros de las dos firmas que me han alegrado el día: Jimmy Choo y, cómo no, Chanel.

De la primera me quedaré con su colección 24/7, ahora también aplicada a unos cuantos accesorios customizables (el cliente tendrá la posibilidad de elegir colores y diseños y de jugar con ellos), y un modelo de zapatos alucinante, declarado modelo favorito de la directora artística de la firma, Tamara Mellon.

De la segunda, que deciros…Estoy enamorada de Chanel y mi amor por la marca ha crecido notablemente con mi asistencia al desfile de París. Los accesorios de la firma me fascinan, el tweed y el corte de los trajes me procuran escalofríos y sueño con tener algún día mi propio 2.55.

Al salir de la presentación, era feliz. Volvía a sentir esa energía que no quería perder y ya se me había ido. Me quería comer el mundo de nuevo, darle formar a miles de ideas y no parar ni un segundo de sonreír.

Hoy he reafirmado que amo la moda. Forma parte de las historias de amor más bonitas de mi vida. Y creo que cumple con su mayor virtud: darle un toque de alegría a cada momento triste.

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