Pues si, aquí sigo, regresando de unos días de paz, sol, comida rica y tranquilidad, aropadita por mi abuela, y camino de Madrid, lista para afrontar nuevas tormentas. Los pasados meses, o mejor dicho, el pasado año, ha sido muy duro. No puedo con la nada, con el exceso de tiempo libre. Soy demasiado activa, y creo que mi cerebro es demasiado adicto al pensamiento. No se relativizar, no se “no pensar”, ni “dejar que pase el tiempo”. Será la edad, quien sabe.

El echo es que llevo tiempo con ganas de empezar algo, de ponerme otra vez a vivir a cien por hora, de descubrir, de trabajar, de ejercitarme la mente….y creo que ese momento esta al caer!

El lunes que viene empezará una nueva etapa. Tengo dos proyectazos a punto de empezar ( no contare nada hasta no haberlos emprendido), y estoy super ilusionada. Me esperan meses de locura, estoy segura, pero los voy a coger con ganas, y pienso aprovechar cada oportunidad y cada minuto. Y es que, al final, la inactividad me ha enseñado que nunca estaré contenta al cien por cien, siempre me quejaré de algo, soy así. Pero prefiero quejarme del exceso que de la carencia. Como dice mi abu Fifi “mejor que sobre, que que falte”. ¡Y mi abuelita suele tener razón!

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