Siempre me han gustado los rebeldes. Siempre me han encantado los artistas. La gente que tiene algo que decir. Los que van a contracorriente. Y así es como veo a Carlos Diez, así es como le ví ayer, durante el desfile de presentación de su colección Otoño-invierno 2010/2011. Un desfile sin una onza de color, tonos grises y un bucle de negros y blancos sin fín. En vez de modelos, kamikazes, ladrones con chuleria y con la cabeza tapada con pasamontañas con orejas incluidas. Deshumanización total, seres asexuados, musica electronica enfermiza, y una sensación de alienación absoluta. ¿Lo mejor? Pantalones “cagaos” con estampados diferentes cosidos unos a otros, las converse con tacones y plataforma, las prendas plateadas y acolchadas y los vestidos y monos a base de tela impermeable. Pero más que con la ropa, me quedo con el mensaje: una critica clara al consumismo (mochilas XXL cargadas por los modelos) que, por los tiempos que corren, viene bastante bien…

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