22h de la noche. Patri y yo entramos por la puerta del casino de Madrid, nerviosas a rabiar, y vestidas de gala. Hoy tiene lugar la fiesta de presentación de la revista Harper’s Bazaar, y NOSOTRAS tenemos invitación. Media hora mas tárde, esperando por nuestra copa de beefeater, empezamos a “reconocer” gente. Durante las 3 horas que durará nuestra presencia en la fiesta,  asistíremos a un verdadero desfile constante de rostros conocidissímos del panorama actual del cine y la moda Española. Y nos sentimos muy extrañas. Conocemos a todo el mundo, pero nadie nos conoce a nosotras. Estamos totalmente extasiadas, a la vez que nos sentimos algo desplazadas. “Me sentía pequeñissima”. Esas son las palabras exactas que me transimitirá Patri mas tarde. Y tiene toda la razón. Entre tanto Louis Vuitton, Prada, piernas interminables, rostros blancos y dientes perfectos, parece que no encajamos. Pero nos gusta estar ahí, nos sentimos privilegiadas. Es muy extraño. ¿Que tendrá la fama? ¿Porque atrae tanto el glamour y la televisión? Yo creo que es por lo inalcanzable. Siempre queremos lo que no tenemos. Y eso es lo que nos pasaba ayer. Estabamos en otro mundo, que no era el nuestro. Teniamos, el tiempo de una noche, algo que no tenemos los demás días: el rozar a Paco León o Ariadne Artíles, ver el ultímo modelito de Patricia Conde, o obtener un abrazo lleno de cariño de Natalia Verbeke en el baño, tras decirle que estaba preciosa en los Goya…Presenciar y vivir eso tiene su encanto, pero tambien lo tiene llegar a casa, tras haberse subido a la calabaza, y tirarse en la cama a leer Harper’s Bazaar, en pijama y con un bol de cereales en la mano, siendo yo misma…

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