Enorme, desgraciada, torturada, violada, embarazada por segunda vez, seropositiva, analfabeta, sola y machacada…Así es Claireece “Precious” Jones, la protagonista de la tan aclamada versión cinematográfica del libro “Push”, escrito por un tal Sapphire.

106 minutos de oscuridad, odio, suciedad, tristeza, violencia y asco, resultados de una humanidad desquiciada, perdida, sola y desamparada. Precious no conoce el amor, solo la rabia, el odio y los abusos. Considerada por su propia madre como una rival ansiosa por quitarle el marido, Claireece vive una autentica pesadilla a diario. No conoce la felicidad, pero sigue tratando de acercarse a ella. A ella y al amor.

Expulsada del colegio por su segundo embarazo, es acogida en una “escuela alternativa”, lugar de un nuevo comienzo. Allí conocerá algo de humanidad: una profesora dedicada a sus alumnas y un grupo de chicas casi tan perdidas como ella que aprenderán a quererla y demostrárselo. Porque de eso se trata. De querer y ser querido, nada mas. El amor es, evidentemente, el leitmotiv de la película. Absolutamente todo gira en torno a el, como la vida misma.

El amor será el responsable de la salvación de Precious ( el recibido y el sentido hacia su hijo) , mientras la ausencia del mismo tendrá la culpa de tanto sufrimiento. Y es que la película transmite un mensaje clarísimo: si nadie te quiere, nunca lograras querer realmente a nadie. La ultima escena (la mejor desde mi punto de vista) lo explica perfectamente: a través de las lagrimas de una madre totalmente desquiciada y abandonada aparece el verdadero problema de tanta desdicha y de tanto rencor: el echo de no ser querida por una de las personas mas importantes de su vida: su marido.

Creo que el rechazo forma parte de las cosas mas dolorosas y difíciles de superar en la vida. Querer y no ser querido duele demasiado. Solemos conseguir superarlo, pero cuesta, y mucho. Creo que la soledad total y absoluta es la peor de las compañeras. Necesitamos afecto y sentirnos queridos para querernos a nosotros mismos. Eso es lo que le pasa a Precious, pero sobre todo lo que nos pasa a todos. Y esa es la clave de la película: demostrarnos, a través del horror absoluto, que somos afortunados, al fin y al cabo…

La película de Lee Daniels es bastante eficaz en lo que a ese aspecto se refiere: consigue provocar una especie de catharsis entre el publico. En una época de crisis absoluta, replanteamientos humanos y seísmos naturales, Precious nos “re-coloca” un poquito, y nos da ganas de volver a lo esencial: las relaciones humanas y lo mejor de los sentimientos: la preciosidad

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